Más que un pintor de marinas, Michel Margueray es el agua. La superficie resplandeciente de ese elemento soberano, siempre en continuo movimiento, no deja de mantener en él una fogosa necesidad de claridad de la que cada uno de sus lienzos nos ofrece una buena ilustración. En sus obras, el color es como una canción y la propia nieve aparece engalana con mil matices. Las sombras engendran sorprendentes figuras. “Me gustan mucho las zonas situadas a la orilla del mar, pero una barcaza en el río Oise me sigue haciendo soñar” afirma el pintor cuya necesidad de luz se satisface en las crepitaciones del alba y en los resplandores de la tarde… … Hoy en día, M. TAKEDA, importante galerista japonés que se ocupa, entre otras cosas, de las obras de Michel Henry, demuestra un gran interés por las obras de Margueray que el pintor Michel Ciry, conocido por su pluma acerba, saludó con palabras que no pueden ser más calurosas: “Aprecio su obra por su luminosidad, la firmeza de su pincelada, su autenticidad. Y, sobretodo, no cambie usted nunca” manifestó un día en una carta que dirigió amistosamente a su compañero. “No he dejado la fábrica para convertirme en un pintor de alto rendimiento”, explica Michel Margueray. “Me gusta escoger mis temas al igual que mis lugares de exposición”. (…) “En la pintura, cada uno hace lo que quiere y, sobretodo, lo que puede”, comenta con humor. “Para poder llevar a cabo una obra hace falta un poco de talento, mucho trabajo, el espaldarazo de la suerte y un poco de longevidad. Al fin y al cabo, no estoy demasiado descontento de mi recorrido”.